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jueves, 9 de marzo de 2023

... sé que existo,porque tú me imaginas.

Muerte en el olvido

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.

Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
—oscuro, torpe, malo— el que la habita

 Ángel González.

Distrito: Lachaqui, Provincia: Canta (región Lima)


martes, 28 de febrero de 2023

... adherida a tu desnudez.

Desnuda y adherida a tu desnudez…
Carmen Conde

Desnuda y adherida a tu desnudez.
Mis pechos como hielos recién cortados,
en el agua plana de tu pecho.
Mis hombros abiertos bajo tus hombros.
Y tú, flotante en mi desnudez.

Alzaré los brazos y sostendré tu aire.
Podrás desceñir mi sueño
porque el cielo descansará en mi frente.
Afluentes de tus ríos serán mis ríos.
Navegaremos juntos, tú serás mi vela,
y yo te llevaré por mares escondidos.

¡Qué suprema efusión de geografías!
Tus manos sobre mis manos.
Tus ojos, aves de mi árbol,
en la yerba de mi cabeza.
Pacasmayo, La Libertad (Perú)
28 de noviembre de 2018


Sobre Carmen Conde
Carmen Conde Abellán (Cartagena, 15 de agosto de 1907 – Majadahonda, 8 de enero de 1996) fue una poeta, prosista, dramaturga, ensayista y maestra española, considerada una de las voces más significativas de la generación poética del 27. Fue la primera académica de número de la Real Academia Española, pronunciando su discurso de entrada en 1979. 
En 1931, Conde fundó, junto a Antonio Oliver Belmás, la primera Universidad Popular de Cartagena.

jueves, 29 de diciembre de 2022

Yo no quiero

YO NO QUIERO SER RECUERDO

A la mierda el conformismo:
Yo no quiero ser recuerdo
Quiero ser tu amor imposible,
Tu dolor no correspondido,
Tu musa más puta,
El nombre que escribas en todas las camas
Que no sean la mía,
Quien maldigas en tus insomnios
Quien ames con esa rabia que solo da el odio.

Yo no quiero
Que me digas que mueres por mí,
Quiero hacerte vivir de amor,
Sobre todo cuando llores,
Que es cuando más viva eres.

Yo no quiero
Que tu mundo se dé la vuelta
Cada vez que yo me marche,
Quiero que darte la espalda
Solo signifique libertad
Para tus instintos más primarios.

Yo no quiero
Quitarte las penas y condenarte,
Quiero ser la única
De la que dependa
Tu tristeza
Porque esa sería
La manera más egoísta y valiente
De cuidar de ti.

Yo no quiero hacerte daño,
Quiero llenar
Tu cuerpo de heridas
Para poder lamerte después,
Y que no te cures
Para que no te escueza.

Yo no quiero
Dejar huella en tu vida,
Quiero ser tu camino,
Quiero que te pierdas,
Que te salgas,
Que te rebeles,
Que vayas a contracorriente,
Que no me elijas,
Pero que siempre regreses a mí para encontrarte.

Yo no quiero prometerte,
Quiero darte
Sin compromisos ni pactos,
Ponerte en la palma de la mano
El deseo que caiga de tu boca
Sin espera,
Ser tu aquí y ahora.

Yo no quiero
Que me eches de menos,
Quiero que me pienses tanto
Que no sepas lo que es tenerme ausente.

Yo no quiero ser tuya
Ni que tú seas mía,
Quiero que pudiendo ser con cualquiera
Nos resulte más fácil ser con nosotras.

Yo no quiero
Quitarte el frío,
Quiero darte motivos para que cuando lo tengas
Pienses en mi cara
Y se te llene el pelo de flores.

Yo no quiero
Viernes por la noche,
Quiero llenarte la semana entera de domingos
Y que pienses que todos los días
Son fiesta
Y están de oferta para ti.

Yo no quiero
Tener que estar a tu lado
Para no faltarte,
Quiero que cuando creas que no tienes nada
Te dejes caer,
Y notes mis manos en tu espalda
Sujetando los precipicios que te acechen,
Y te pongas de pie sobre los míos
Para bailar de puntillas en el cementerio
Y reírnos juntas de la muerte.

Yo no quiero
Que me necesites,
Quiero que cuentes conmigo
Hasta el infinito
Y que el más allá
Una tu casa y la mía.

Yo no quiero
Hacerte feliz,
Quiero darte mis lágrimas
Cuando quieras llorar
Y hacerlo contigo,
Regalarte un espejo
Cuando pidas un motivo para sonreír,
Adelantarme al estallido de tus carcajadas
Cuando la risa invada tu pecho,
Invadirlo yo
Cuando la pena atore tus ojos.

Yo no quiero
Que no me tengas miedo,
Quiero amar a tus monstruos
Para conseguir que ninguno
Lleve mi nombre.

Yo no quiero
Que sueñes conmigo,
Quiero que me soples
Y me cumplas.

Yo no quiero hacerte el amor,
Quiero deshacerte el desamor.

Yo no quiero ser recuerdo,
Mi amor,
Quiero que me mires
Y adivines el futuro.

Elvira Sastre

Pacasmayo (La Libertad, Perú) 2018


viernes, 26 de junio de 2020

Quiéreme en mi locura... pues mi camisa de fuerza eres tú

Si yo, tú.

Si caes, yo contigo,
y nos levantaremos juntos
en esto unidos.
Si me pierdo, encuéntrame.
Si te pierdes, yo contigo,
y juntos leeremos en las estrellas
cuál es nuestro camino.
Y no existe, lo inventaremos.
Si la distancia es el olvido,
haré puentes con tus abrazos,
pues lo que tú y yo hemos vivido
no son cadenas?
ni siquiera lazos:
es el sueño de cualquier amigo,
es pintar un ?te quiero? a trazos,
y secarlo en nuestro regazo.
Si yo, tú.
Si dudo, me empujas.
Si dudas, te entiendo.
Si callo, escucha mi mirada.
Si callas, leeré tus gestos.
Si me necesitas, silba
y construiré una escalera
hecha de tus últimos besos,
para robar a la luna una estrella
y ponerla en tu mesilla
para que te dé luz.
Si yo, tú.
Si tú, yo también.
Si lloro, ríeme.
Si ríes, lloraré,
pues somos el equilibrio,
dos mitades que forman un sueño.

Si yo, tú.
Si tú, conmigo.
Y si te arrodillas
haré que el mundo sea más bajo,
a tu medida,
pues a veces para seguir creciendo
hay que agacharse.
Si me dejas, mantendré viva la llama
hasta que regreses,
y sin preguntas, seguiremos caminando.
Y sin condiciones te seguiré perdonando.
Si te duermes, seguiremos soñando,
que el tiempo no ha pasado,
que el reloj se ha parado.
Y si alguna vez la risa
se te vuelve dura,
se te secan las lágrimas
y la ternura,
estaré a tu lado,
pues siempre te he querido,
pues siempre te he cuidado.
Pero jamás te cures de quererme,
pues el amor es como Don Quijote:
sólo recobra la cordura
para morir.
Quiéreme en mi locura,
pues mi camisa de fuerza eres tú,
y eso me calma,
y eso me cura?
Si yo, tú.
Si tú, yo.
Sin ti, nada.
Sin mí, si quieres, prueba.

Letra Si Yo Tú de Txus Di Fellatio Mágo De Oz


Pacasmayo, 28 de noviembre de 2018

miércoles, 15 de enero de 2020

Si puedes esperar sin cansarte en la espera

Rudyard Kipling , poeta, periodista y novelista inglés nació el 30 de diciembre de 1865 en Bombay, India, fue Premio Nobel de Literatura en 1907 ( el ganador del premio Nobel de Literatura más joven hasta la fecha). Este es uno de sus poemas más conocidos. 

Si…
Si puedes mantener la cabeza cuando todo a tu alrededor
pierde la suya y te culpan por ello;
Si puedes confiar en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero admites también sus dudas;
Si puedes esperar sin cansarte en la espera,
o, siendo engañado, no pagar con mentiras,
o, siendo odiado, no dar lugar al odio,
y sin embargo no parecer demasiado bueno, ni hablar demasiado sabiamente;

Si puedes soñar-y no hacer de los sueños tu maestro;
Si puedes pensar-y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el desastre
y tratar a esos dos impostores exactamente igual,
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho
retorcida por malvados para hacer una trampa para tontos,
O ver rotas las cosas que has puesto en tu vida
y agacharte y reconstruirlas con herramientas desgastadas;

Si puedes hacer un montón con todas tus ganancias
y arriesgarlo a un golpe de azar,
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir nunca una palabra acerca de tu pérdida;
Si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones
para jugar tu turno mucho tiempo después de que se hayan gastado
y así mantenerte cuando no queda nada dentro de ti
excepto la Voluntad que les dice: “¡Resistid!”

Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud
o pasear con reyes y no perder el sentido común;
Si ni los enemigos ni los queridos amigos pueden herirte;
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
Si puedes llenar el minuto inolvidable
con un recorrido de sesenta valiosos segundos.
Tuya es la Tierra y todo lo que contiene,
y —lo que es más— ¡serás un Hombre, hijo mío!

Rudyard Kipling

lunes, 6 de enero de 2020

La Biblioteca Pública evitó que me convirtiera en un suicida...

El incendio de un sueño
(Charles Bukowski)


La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
ha sido destruida por las llamas.
Aquella biblioteca del centro.
Con ella se fue
gran parte de mi juventud.
Estaba sentado en uno de aquellos bancos
de piedra cuando mi amigo
Baldy me preguntó:
«¿vas a alistarte en
la brigada Lincoln?».
«Claro», contesté
yo.

Pero, al darme cuenta de que yo no era un idealista político
ni un intelectual
renegué de aquella
decisión más tarde.
Yo era un lector
entonces
que iba de una sala a
otra: literatura, filosofía,
religión, incluso medicina y geología.
Muy pronto
decidí ser escritor,
pensaba que sería la salida
más fácil
y los grandes novelistas no me parecían
demasiado difíciles.

Tenía más problemas con
Hegel y con Kant.
Lo que me fastidiaba
de todos ellos
es que
les llevara tanto
lograr decir algo
lúcido y/o interesante.
Yo creía
que en eso
los sobrepasaba a todos
entonces.
Descubrí dos cosas:
a) que la mayoría de los editores creía
que todo lo que era aburrido
era profundo.
b) que yo pasaría décadas enteras
viviendo y escribiendo
antes de poder
plasmar
una frase que
se aproximara un poco
a lo que quería
decir.
Entretanto
mientras otros iban a la caza de
damas,
yo iba a la caza de viejos
libros,
era un bibliófilo, aunque
desencantado,
y eso
y el mundo
configuraron mi carácter.
Vivía en una cabaña de contrachapado
detrás de una pensión de 3 dólares y medio
a la semana
sintiéndome un
Chatterton
metido dentro de una especie de
Thomas Wolfe.
Mi principal problema eran
los sellos, los sobres, el papel
y el vino,
mientras el mundo estaba al borde
de la Segunda Guerra Mundial.
Todavía no me había
atrapado
lo femenino, era virgen
y escribía entre 3 y
5 relatos por semana
y todos
me los devolvían, rechazados por
el New Yorker, el Harper’s,
el Atlantic Monthly.
Había leído que
Ford Madox Ford solía empapelar
el cuarto de baño
con las notas que recibía rechazando sus obras
pero yo no tenía
cuarto de baño, así que las amontonaba
en un cajón
y cuando estaba tan lleno
que apenas podía
abrirlo
sacaba todas las notas de rechazo
y las tiraba
junto con los relatos.
La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
seguía siendo
mi hogar
y el hogar de muchos otros
vagabundos.
Discretamente utilizábamos los
aseos
y a los únicos que
echaban de allí
era a los que
se quedaban dormidos en las
mesas
de la biblioteca; nadie ronca como un
vagabundo
a menos que sea alguien con quien estás
casado.
Bueno, yo no era realmente un
vagabundo, yo tenía tarjeta de la biblioteca
y sacaba y devolvía
libros,
montones de libros,
siempre hasta el límite de lo permitido:
Aldous Huxley, D. H. Lawrence,
E. E. Cummings, Conrad Aiken, Dos Passos, Turgénev, Gorki,
H. D., Nietzsche,
Schopenhauer,
Steinbeck,
Hemingway,
etc.
Siempre esperaba que la bibliotecaria
me dijera: «qué buen gusto tiene usted,
joven».
Pero la vieja
puta
ni siquiera sabía
quién era ella,
cómo iba a saber
quién era yo.
Pero aquellos estantes contenían
un enorme tesoro: me permitieron
descubrir
a los poetas chinos antiguos
como Tu Fu y Li Po
que son capaces de decir en un
verso más que la mayoría en
treinta o
incluso en cientos.
Sherwood Anderson debe de haberlos
leído
también.
También solía sacar y devolver
los Cantos
y Ezra me ayudó
a fortalecer los brazos si no
el cerebro.
Maravilloso lugar
la Biblioteca Pública de Los Ángeles
fue un hogar para alguien que había tenido un
hogar
infernal
arroyos demasiado anchos para saltarlos
lejos del mundanal ruido
contrapunto
el corazón es un cazador solitario
James Thurber
John Fante
Rabelais
de Maupassant
algunos no me
decían nada: Shakespeare, G. B. Shaw,
Tolstoi, Robert Frost, E Scott
Fitzgerald
Upton Sinclair me llegaba
más
que Sinclair Lewis
y consideraba a Gogol y a
Dreiser tontos
de remate
pero tales juicios provenían más
del modo en que un hombre
se ve obligado a vivir que de
su razón.
La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
muy probablemente evitó
que me convirtiera en un
suicida,
un ladrón
de bancos,
un tipo
que pega a su mujer,
un carnicero o
un motorista de la policía
y, aunque reconozco que
puede que alguno sea estupendo,
gracias
a mi buena suerte
y al camino que tenía que recorrer,
aquella biblioteca estaba
allí cuando yo era
joven y buscaba
algo
a lo que aferrarme
y no parecía que hubiera mucho.
Y cuando abrí el
periódico
y leí la noticia sobre el incendio
que había destruido
la biblioteca y la mayor parte de
lo que en ella había
le dije a mi
mujer:
«yo solía pasar horas y horas
allí…».
El oficial prusiano
el atrevido muchacho de trapecio
tener y no tener
no puedes retornar a tu hogar.

Charles Bukowski

martes, 5 de febrero de 2019

Una de mis escenas favoritas: "Cuatro bodas y un funeral"

Una de las película que me impactó y la vi años atrás, lleva por título "Cuatro bodas y un funeral". Algunos dirá que es la típica comedia romántica que tuvo, me parece, un auge a fines de los año noventa. 
No la vi en el cine. No me gusta ir al cine. Creo la vi, no recuerdo si fue en cable o alquilé un vídeo cassette para el VHS. 
En este post, quiero compartir la escena en que John Hannah lee a su pareja de años, el poema del increíble W.H. Auden, en la película. Realmente bello y profundo. Va el vídeo y el texto.

FUNERAL BLUES 

Detengan los relojes desconecten el teléfono
denle un hueso al perro
para que no ladre
Callen los pianos y con ese
tamborileo sordo
saquen el féretro...
Acérquense los dolientes
que los aviones
sobrevuelen quejumbrosos
y escriban en el cielo
el mensaje...
él ha muerto.

Pongan moños negros
en los níveos cuellos de las palomas
que los policías usen guantes
de algodón negro

Él era mi norte mi sur
mi este y oeste
mi semana de trabajo y mi
domingo de descanso
mi mediodía, mi medianoche
mi conversación, mi canción

Creí que el amor perduraría
por siempre.
Estaba equivocado.

No precisamos estrellas ahora...
Apáguenlas todas
Envuelvan la luna
desarmen el sol
Desagüen el océano y
talen el bosque
porque de ahora en adelante
nada servirá. 

WH AUDEN


Y una de las frases: "De algo estoy segura, nunca tendré una boda, pero si mi propio funeral."

miércoles, 23 de enero de 2019

... es tan lindo saber que usted existe

Hagamos un trato

Compañera 

usted sabe 
que puede contar 
conmigo 
no hasta dos 
o hasta diez 
sino contar 
conmigo 

si alguna vez 
advierte 
que la miro a los ojos 
y una veta de amor 
reconoce en los míos 
no alerte sus fusiles 
ni piense qué delirio 
a pesar de la veta 
o tal vez porque existe 
usted puede contar 
conmigo.

si otras veces 
me encuentra 
huraño sin motivo 
no piense qué flojera 
igual puede contar 
conmigo.

pero hagamos un trato 
yo quisiera contar 
con usted 
es tan lindo 
saber que usted existe 
uno se siente vivo 
y cuando digo esto 
quiero decir contar 
aunque sea hasta dos 
aunque sea hasta cinco 
no ya para que acuda 
presurosa en mi auxilio 
sino para saber 
a ciencia cierta 
que usted sabe que puede 
contar conmigo.


Mario Benedetti


Pacasmayo, Nov. 2018

domingo, 26 de marzo de 2017

... y eras ausencia ya.

ESTABAS CONMIGO TODAVÍA

Estabas conmigo todavía
y eras ausencia ya.

Y venías en tu voz como un eco lejano,
que llega desde el monte o desde el mar.
Venías en tu mirada distante,
en tu indolente ademán,
en tu halo de cosas sin mañana,
que era ya un poco muerte y un poco eternidad.

Venías, sobre todo,
en aquella ansiedad
de los pobres viajeros que parten
sin saber adónde ni por qué se van.

Y te amaba en tu ausencia todavía presente,
como si fueras más
viva y más intacta en el recuerdo,
y más real.

Alberto Ureta (1885-1966)

Puerto Pizarro-Tumbes (foto: @rofacio)

martes, 4 de agosto de 2015

No hay mentira...

UN POEMA CASI INVENTADO 
(Charles Bukowski)

te veo bebiendo de una fuente con manos 
delgadas y azules, no, tus manos no son delgadas 
son pequeñas, y la fuente está en Francia 
donde me escribiste aquella última carta y 
yo te contesté y nunca volví a oír de vos. 
solías escribir locos poemas sobre 
LOS ÁNGELES Y DIOS, todo con mayúscula, y 
conociste artistas famosos y la mayoría de ellos 
fueron tus amantes, y yo te escribí, está bien, 
adelante, entrá en sus vidas, no estoy celoso 
porque nunca nos conocimos. estuvimos cerca una vez 
en New Orleans, a una cuadra y media, pero no 
nos conocimos, nunca nos tocamos. así que te fuiste 
con los famosos y escribiste sobre los famosos, y, 
por supuesto, lo que descubriste 
es que los famosos están preocupados por 
su fama -no por la bella y joven chica en la cama 
con ellos, que les da éso, y después se despierta 
en la mañana para escribir poemas con mayúscula sobre 
LOS ÁNGELES Y DIOS. sabemos que dios está muerto, nos 
lo dijeron, pero escuchándote a vos no estaba seguro. 
quizá eran las mayúsculas. vos eras un de las 
mejores poetas y les dije a los editores, 
"publíquenla, publíquenla, ella está loca pero es 
mágica. no hay mentira en su fuego". te amé 
como un hombre ama a una mujer que no toca, sólo 
le escribe y guarda pequeñas fotografías de ella. 
te habría amado más si me hubiera sentado en una 
habitación armando un cigarrillo y oyéndote 
hacer pis en el baño, pero éso no sucedió. 
tus cartas se volvieron más tristes. 
tus amantes te traicionaban. nena, te escribí, todos 
los amantes traicionan. éso no ayudó. decías 
que tenías un banco de los lamentos y que estaba junto 
a un puente y que el puente estaba sobre un río 
y te sentabas en el banco de los lamentos cada noche 
y llorabas por los amantes que te habían herido 
y olvidado. te escribí, pero nunca volví a oír de vos. 
un amigo me contó de tu suicidio 
3 ó 4 meses después de la carta. si yo 
te hubiera conocido, probablemente te hubiera 
engañado, o vos a mí. 
fue mejor que no nos conociéramos.


martes, 22 de enero de 2013

“One today”, poema que Richard Blanco lee a Barak Obama

Presentamos, en versión del escritor Gerardo Cárdenas, director de la revista Contratiempo de Chicago, “One today” del poeta norteamericano de ascendencia cubana Richard Blanco. Blanco fue invitado por el presidente Barak Obama a participar en la ceremonia de investidura. En seguida el poema leído en el evento. Richard Blanco es autor del poemario “ City of Hundred Fires”.

Hoy una luz

Un sol se alzó hoy en nosotros, encendido sobre nuestras costas,
espiando  sobre las Smokies, saludando los rostros
de los Grandes Lagos, regando una simple verdad
a lo ancho de las Grandes Praderas, para luego lanzarse contra las Rocallosas.

Una luz, que despierta tejados, bajo cada uno una historia
que cuentan nuestros mudos gestos al moverse tras las ventanas.

Mi rostro, tu rostro, millones de rostros en los espejos de la mañana,
cada uno bostezando ante la vida, en gradual ascenso hacia nuestro día;
camiones escolares como lápices amarillos, el ritmo de los semáforos,
puestos de frutas: manzanas, limones, y naranjas como arcoíris
pidiéndonos un elogio. Plateados camiones cargados de aceite o papel—
ladrillos o leche, como enjambre en las carreteras junto a nosotros,
que vamos camino de limpiar mesas, leer carpetas o salvar vidas—
a dar clases de geometría, o vender comestibles como lo hizo mi madre,
por veinte años, para que yo pudiera escribir este poema.

Todos tan vitales como la luz que atravesamos,
la misma luz sobre los pizarrones de la clase de hoy:
ecuaciones por resolver, historias que cuestionar, o átomos por imaginar,
aquel “yo tengo un sueño” que seguimos soñando,
o el imposible vocabulario de la pena que no explicará
los pupitres vacíos de veinte niños ausentes
hoy, y para siempre. Muchas oraciones, pero una luz
que infunde color a los vitrales,
vida a los rostros de bronce de las estatuas, calor
a los escalones de los museos y las bancas de los parques
donde las madres miran a sus hijos jugar al paso del día.

Un suelo. Nuestro suelo, que nos arraiga a cada tallo
del maíz, cada espiga de trigo sembrada con sudor
y manos, manos que recogen el carbón o ponen molinos
en los desiertos y las cimas de las colinas para darnos calor, manos
que cavan zanjas, que enlazan tuberías y cables, manos
tan gastadas como las de mi padre tras cortar caña
para que mi hermano y yo tuviésemos libros y zapatos.

El polvo de granjas y desiertos, ciudades y praderas,
mezclados por un viento –nuestro aliento. Respira. Óyelo
hoy en el precioso jaleo de cláxones de taxis,
camiones que se lanzan por las avenidas, la sinfonía
de pasos, guitarras, y escandalosos trenes subterráneos,
el inesperado canto del pájaro sobre el tendedero.

Oye: los rechinantes columpios del parque, el pitido de los trenes,
o los susurros que escapan de las mesas del café, oye: las puertas que nos abrimos
cada día, diciéndonos: hola | shalom,
buon giorno | howdy | namasté | o buenos días
en el idioma que mi madre me enseñó —en cada idioma
hablado en el viento que transporta nuestras vidas
sin prejuicio, como estas palabras que parten mis labios.

Un cielo: desde los Apalaches y las Sierras reclama
su majestad, y el Mississippi y el Colorado serpentean
su cauce hacia el mar. Agradecemos el trabajo de nuestras manos:
tejen acero para formar puentes, escriben otro informe a tiempo
para que lo vea el jefe, dan puntadas a otra herida
o uniforme, dan la primera pincelada a un retrato,
o el último escobazo al piso más alto de la Freedom Tower
elevándose hacia un cielo que cede ante nuestra persistencia.

Un cielo, hacia el que a veces alzamos nuestros ojos
cansados de trabajar: algunos días quieren adivinar el clima
de nuestras vidas, algunos días dan gracias por un amor
correspondido, algunas veces dan gracias por una madre
que supo cómo dar, o perdonan a un padre
que no pudo dar lo que quisimos.

Nos vamos a casa: a través del lustre de la lluvia o el peso
de la nieve, o el plúmbeo rubor del ocaso, pero siempre —la casa,
siempre bajo un cielo, nuestro cielo. Y siempre una luna
como un mudo tambor que resuena sobre cada tejado
y ventana, de un solo país —todos nosotros—
de cara a las estrellas
esperanza —una nueva constelación
que espera que la bosquejemos,
que espera que la nombremos —juntos.

Fuente aquí