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lunes, 12 de enero de 2015

El Papa que escribió una novela erótica

Eneas Silvio Piccolomini, más conocido como Pio II -Papa de la Iglesia Católica entre los años 1458 y 1464-, publicó lo que hoy llamaríamos un bestseller: "Historia de duobus amantibus", una novela escrita en latín que tuvo más de 35 ediciones y que trata sobre el amor ilícito entre un oficial de alto rango y una mujer casada. 

La particularidad de esta novela, es que para su época, posee contenido erótico, tanto así, que el mismo Pio II expresó públicamente en una carta: “no déis más importancia al laico que al pontífice: rechazad a Eneas, acoged a Pío". 

Lamentablemente, para los más curiosos, la obra no ha sido traducida a ningún idioma contemporáneo.
Texto de No te lo creo

viernes, 27 de junio de 2014

5 recomendaciones de literatura erótica para excitar el cuerpo y la mente

La literatura erótica no comienza (ni por mucho) con bodrios taimados como 50 Shades of Gray. Un ranking de literatura erótica que fuera realmente incluyente debería tomar en cuenta los poemas de Catulo, El cantar de los cantares incluido en La Biblia, además de joyas como las que presentamos a continuación:

Las amistades peligrosas, Pierre Choderlos de Laclos
Publicado por primera vez en 1782, Relaciones peligrosas ha tenido una larga historia de tabú y censura. Se trata de la historia de dos ex-amantes y rivales que utilizan la humillación para su beneficio personal. El libro ha sido un referente obligado en la historia de la literatura erótica y su larga tradición de incluir tramas aristócratas, vengativas y personajes altamente seductores que alimentan su codicia con el cuerpo. Tal vez recuerdes la versión cinematográfica con John Malkovich y Michelle Pfeiffer.

Trópico de Cáncer, Henry Miller
Censurado en EU a causa de su carga erótica, el trabajo del novelista Henry Miller ganó notoriedad a través de novelas como Sexus, Trópico de Capricornio y Trópico de Cáncer. Este último es un relato en primera persona sobre la estancia de Miller en París a finales de los años 20s. Su descripción de encuentros sexuales no parece tersa y cursi como en la erotica barata, logrando un libro que excita tanto la mente como el cuerpo.

Los cuentos de Delta de Venus 
Dan cuenta de la imaginación sensible y elegante de Nin, narradora francesa que explora a través de sus personajes formas sofisticadas de perversión. Para ella, “las palabras llevan colores y sonidos a la carne”. Se dice que Henry Miller aprendió a coger y a escribir gracias a Nin. 

El amante de Lady Chatterley, D.H. Lawrence
Cuando el esposo de Lady Chatterley regresa de la guerra paralizado de la cintura para abajo, la mujer comienza una aventura erótica que rompe las expectativas de género y de clase social, además de las convenciones literarias de la puritana Inglaterra de principios del siglo XX. Lady Chatterley, en cierto sentido, puede verse como una mujer que lleva a cabo las fantasías que Madame Bovary sólo puede leer…

Lost Girls, Alan Moore (dibujos de Melinda Gebbie)
Lost Girls es una novela gráfica –pero sería injusto y mezquino tratarla simplemente como un “cómic”. En esta obra, el genio de Alan Moore (a quien tal vez recuerdes por obras como V for Vendetta y Watchmen) trabaja con su mujer, Melinda Gebbie, para hacer “pornografía que se pueda leer”, bajo la premisa de que el porno no tiene por qué ser cursi o de mal gusto. Las “niñas perdidas” son nada menos que Alicia (la del País de las maravilla), Dorothy (de El mago de Oz) y Wendy (de Peter Pan), que se conocen ya como adultas y se ven involucradas en aventuras sexuales en la reprimida sociedad inglesa de principios del siglo XX.























Texto e imagen tomado de aquí

domingo, 4 de mayo de 2014

Libros leídos en el kindle (6)

Eso no

Éste título corresponde a la temática de novela erótica, un título que integra varios relatos cortos, que giran sobre un mismo tema: la penetración anal.
Si te gusta los relatos cargados de erotismo, es un texto aapropiado. Nada extraordinario, se deja leer e intenta describir y acercar al lector con palabras precisas y necesarias, el acto sexual, sin ser chabacano, ni con lenguaje facilista.
Te invito a leerla, así podríamos comentarlo. ¿te animas a leerlo?, por cierto este es mi sexto libro leído en el kindle (creo que ya debo bautizar al kindle, es decir ponerle un  nombre, aunque casi siempre lo llamo kindelcito ¿suena bien, no?)

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Literatura erótica: libros sobre sexo, fetiches, BDSM y hasta amor

Hasta hace tres años los libros de temática erótica eran un objeto a esconder, se envolvían con papel de periódico para ocultar sus tapas y se intentaban disimular en los espacios públicos. Hoy la realidad es que las listas de ventas de libros están disparadas gracias al fenómeno 50 sombras de Grey (Grijalbo), y desde entonces las editoriales y plataformas de venta como Amazon o La casa del libro han hecho visibles las secciones 'Literatura erótica'.

El sexo explícito, las técnicas sadomasoquistas -o BDSM (bondage, disciplina y sadomasoquismo), que suena mejor- los encuentros carnales, casuales y un poco animales son lo que buena parte de los lectores cada vez buscan más en los libros.
En el mundo editorial, como en todos los sectores de la cultura, septiembre es el mes más esperado, no tanto en cuanto a cifras de ventas, sino para conocer los lanzamientos y novedades de cada casa. Ofrecemos una selección de los últimos libros eróticos en ver la luz.

1. Memorias del cuerpo, de José Luis Danwart (Amazon media - solo en formato digital)
Narra la historia de un escritor de novela histórica que se adentra en el BDSM y que, impactado por esta nueva forma de vivir el sexo, trata de redirigir su obra e investigar sobre la violencia, el lado castigador del hombre y la sumisión a lo largo de la historia. Primero se centra en la violencia política de los Camisas Negras italianos, coincidiendo con el ascenso al poder del fascismo de Mussolini, en los años veinte. Pero abandona esta novela y busca un clima moral más propicio donde él pueda inspirarse: la Edad Media.
A pesar de la aparición en Memorias del cuerpo de un vasto número de escenas de sexo, su autor asegura que el BDSM no es el argumento principal de la novela: "Es una crítica a la cultura contemporánea y la modernidad. Lo que se busca no es erotizar al lector, sino que persigue el símbolo y el vestigio y la supervivencia de un espíritu enlazado con la moral natural y que acepta la violencia y la crueldad como una parte de la humanidad y del carácter humano", puntualiza Danwart.



2. Inglés para pervertidos, de Venus O'Hara (Editorial Grijalbo)
Se dice que la mejor manera de aprender un idioma es a través del sexo con un extranjero. Pero ¿qué haces si estás en la cama y no sabes qué decirle? Inglés para pervertidos no es tanto un libro como una guía para aprender todas las palabras y expresiones sobre sexo que necesitas si ligas con un anglosajón, desde las cuestiones más básicas al sexo más salvaje. Este tomo de literatura erótica cuenta con ocho capítulos centrados en las partes del cuerpo, la cama, el LGBT, las compras sexis, el lado oscuro, el porno, el chat y la salud sexual.
Inglés para pervertidos es otra forma de literatura erótica, en este caso didáctica, cada capítulo contiene vocabulario, gramática y unos ejercicios muy originales. Aprende todo lo que tu English teacher no se atrevería a enseñarte nunca. Y... si te cansas de estudiar, el libro incluye un montón de fotos de Venus O'Hara, la propia autora, para distraerte.


3. Un extraño en mi cama, de Silvia Day (Ed. Esencia)
Lady Isabel Pelham y Gerard Faulkner, marqués de Grayson, son la pareja más escandalosa de todo Londres. Tienen en común una lujuria desmedida, un gran ingenio, una provocativa reputación en entredicho y, lo más importante, ninguna intención de enamorarse el uno del otro, algo con lo que tirarían por la borda su matrimonio de conveniencia. Por nada del mundo romperían esa farsa... hasta que el destino aparta a Gerard del lado de Isabel.
Cuatro años más tarde, el marqués de Grayson regresa a casa. Isabel se encuentra con que el pícaro joven se ha convertido en un hombre poderoso e irresistible que está decidido a seducirla.

Texto tomado de: ZoomNews

lunes, 2 de septiembre de 2013

"Cincuenta sombras de Grey" perpetúa la violencia contra las mujeres

La novela "Cincuenta sombras de Grey" que promovida como un romance erótico se convirtió en un best-seller mundial, perpetúa el problema de la violencia contra las mujeres, según un estudio que publica hoy la revista Journal of Women's Health.
La profesora asociada Ana Bonomi, de la Universidad estatal de Ohio, y sus colaboradoras en la investigación llegaron a la conclusión de que el abuso emocional y sexual domina la novela en la cual el principal personaje femenino, "Anastasia", sufre daños como resultado.
"Si bien la violencia de pareja afecta al 25 por ciento de las mujeres con perjuicio para su salud, las condiciones sociales actuales -incluida la normalización del abuso en la cultura popular mediante novelas, películas y canciones- crean el contexto que sustenta tal violencia", indicó el estudio.
La novela de E.L. James describe como "romántica"y "erótica" la relación del multimillonario Christian Grey, de 28 años de edad, y la estudiante universitaria Anasasia Steele, de 22 años.
Bonomi y sus colaboradoras en este estudio, Lauren E. Altenburger y Nicole L. Walton, leyeron la novela y escribieron resúmenes de los capítulos para identificar los temas principales.
Para su estudio usaron, como definición de violencia de pareja íntima la de los Centros para Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU, que incluye el abuso emocional mediante la intimidación y las amenazas, el aislamiento, la vigilancia y la humillación.
En el área de la violencia sexual la definición gubernamental incluye los actos y contactos forzados contra la voluntad de la persona, incluidos el uso de alcohol y drogas o la intimidación.
"Este libro perpetúa los estándares de abuso peligrosos y sin embargo se le presenta como una novela romántica y erótica para las mujeres", indicó Bonomi. "El contenido erótico podría haberse logrado sin el tema del abuso".
En la novela Anastasia sufre las reacciones comunes entre las mujeres abusadas, añadió el estudio.
La protagonista siente una amenaza constante y una pérdida de su propia identidad, modifica su comportamiento para mantener la paz en la relación cuando, por ejemplo, oculta su paradero para evitar la ira de Christian.
Asimismo se torna impotente y está atrapada en la relación a medida que su conducta se torna en una respuesta mecánica a los patrones de abuso de Christian.

"Fifty Shades of Grey", publicada en 2011, ha vendido más de 70 millones de ejemplares. Está en producción una película.
Texto tomado de El Observador

domingo, 16 de septiembre de 2012

Las frases eróticas más bellas de la literatura


¿Quién no ha buscado, incluso antes de haber comenzado a leer una novela, el capítulo "caliente", el que más que ningún otro firma el talento y la imaginación del autor?

* Se había puesto a
 repetir mi nombre como una letanía. Bajito. Así es como mi nombre se convirtió en un lamento. Pascual Quignard.

* Si hubiera dicho que su abrazo iba más allá del abrazo, tanto que al final se confundían sus contornos, tanto que nuestra carne desaparecía, tanto que perdíamos nuestra respiración, devorados ella y yo por la misma boca sangrienta e insaciable. Mircea Eliade.

* Jamás había sido besada por una mujer, con fuerza, a fondo, completamente, como por un hombre (...) tuve esta revelación igual que se penetra en una sala misteriosa, cuando me arrastró allí donde imaginaba no poder soportar más el dolor y luego más lejos aún, allí donde no había dolor en absoluto. Kate Millet.

* Ya no es altiva, la despreciadora voluptuosa la que estrecho sobre mi corazón. (...) Es mi voz, esta voz que murmura: Lo que quieras, lo que me pidas, lo haré, lo haré. Pierre Benoit.

* (...) experimentar una vez más este instante trémulo, tenerle, conocerle y dejarle irse, como un pájaro cautivo que sentimos palpitar bajo nuestros dedos antes de liberarle en el aire claro. "¡Ahora, sí! ¡Oh Dios mío!" le oí exclamar al segundo de su vuelo. John McGahern.

* Nigromanta le esperaba para enseñarle, en primer lugar, a hacer como las lombrices, luego como los caracoles y finalmente como los cangrejos... Gabriel García Márquez.

* Sin embargo, no decía ni una palabra, parecía estar inmóvil, insensible a sus terribles golpes, y yo simplemente distinguía en ella un movimiento convulsivo de sus dos nalgas, que se estrechan y dejaban de estrecharse a cada instante. Jean-Baptiste de Boyer d´Árgens.

* Le unté con crema el ano. Tenía nalgas de ángel. Entré en ella como en una religión. Bertrand Blier.

* Me concedió algunos minutos de tregua antes de volver con un objeto que no reconocí enseguida, sino que se reveló como un simple calzador de hierro forjado sobre un tallo de bambú que ella probó en su palma antes de volverme contra la pared... Almudena Grandes.

* Y cuando sintió una mano que se deslizaba por entre las bragas bordadas de encaje, justo para desnudar sus riñones con precisión -pero tiernamente, con reverencia-, la idea que se le vino a la cabeza, es que estaba muy contenta de estar en Inglaterra, y de aprender las costumbres británicas. Helen Zahavi.

* Y el último de mis besos se perdió entre sus labios húmedos, mojados de deseo, enardecidos por el jugueteo de mi lengua en ese pequeño razgo de carne que endurecido, no dejaba de temblar hasta llenar mi boca del sabor más intenso. Don Juan De Marco.

Texto: 
del perfil de facebook: Por el derecho a un orgasmo diario


lunes, 20 de agosto de 2012

Apuntes sobre literatura erótica


La censura del lenguaje

Aunque vivimos en un milenio avasallado por la informática y la masiva propaganda de los medios de comunicación, cuyos mensajes nos convierten en una pequeña provincia de la aldea global, donde los emblemas y costumbres sexuales se difunden de manera vertiginosa, se debe admitir que no es fácil escribir en español sobre el sexo, sin caer en la vulgaridad y el simplismo, debido a que el idioma, en su función de vehículo del pensamiento y sentimiento humanos, ha sido castigado por la Inquisición y la moral de los padres de la Iglesia. Consiguientemente, así se busquen giros idiomáticos adecuados, resulta difícil encontrar expresiones equivalentes a la frase “hacer el amor” o “coito interruptus”, sin dejar de herir los sentimientos y códigos morales de quienes se confiesan seguidores convictos de las Sagradas Escrituras. 
Si uno intenta inventar alguna frase, en verso o en prosa, no siempre convence al lector, ya sea por la fonética de la palabra o por su connotación semántica. Quizás por eso, los más diestros “inventores” de expresiones referidas a los desenfrenos del sexo se valen de hábiles perífrasis, de metáforas enunciadas por los poetas o de los chistes de los truhanes que, acostumbrados a desgranar palabras obscenas en el ruedo de amigos, comparan los órganos genitales con las frutas y verduras, a modo de evitar palabras triviales como “pene” o “vagina”.
Sin embargo, en otros idiomas, que probablemente no sufrieron jamás una amputación moral, se conocen obras narradas con un lenguaje rico en matices lexicales. En el famoso “Kama Sutra”, un auténtico tratado sobre el arte erótico hindú escrito por Mallinaga Vatsyayana hacia el año 500 d.C., se describe en sesenta y nueve casos los modos de alcanzar el goce físico del sexo, que va desde el roce de la piel con un beso, hasta las más avanzadas técnicas de exploración del instinto sexual, que es tan antiguo como el hombre mismo. 
El arte de narrar historias eróticas, como las expuestas brillantemente en el “Kama Sutra”, requiere de un lenguaje que esté exento de términos científicos y verbosidad propia de los sexólogos, sobre todo, si se quiere aludir las pasiones eróticas de una manera sugerente y poética, como ocurre en las novelas y los relatos del marqués de Sade, quien, sin ser experto en las reglas gramaticales del francés, tuvo la intuición de explayar un lenguaje apropiado incluso para describir las pasiones más violentas y perversas.

La transgresión de los sentidos

La transgresión moral, sin resquicios para la duda, es una de las características de la literatura erótica. El escritor debe ser un ser irreverente, heterodoxo, para transgredir las franjas de censura que le imponen su entorno sociocultural y religioso. Sin una actitud irreverente es imposible crear una literatura erótica despojada de tabúes y prejuicios. 
El escritor es, y ha sido siempre, una suerte de válvula de escape de los impulsos reprimidos y prohibidos en la colectividad. Es el modulador de voces anónimas y actúa como un psicoanalista, intentando iluminar los cuartos oscuros de la memoria, donde cohabitan los instintos más bajos y los deseos sexuales, desde los más sensuales hasta los más promiscuos, incluyendo la sodomía, el fetichismo y el sadomasoquismo.
La religión, así como ha sido la madre de muchas exquisiteces y arrebatos místicos, ha sido también una maquinaria que ha frenado la libertad sexual de los individuos a lo lago de los siglos. Por eso mismo, la literatura hispanoamericana, que recién está experimentando un renacimiento en el arte de narrar historias eróticas, no ha creado tradición en este terreno, debido a los procesos iniciados por la Santa Inquisición, que propagó el concepto del pecado de la carne y emprendió una cruzada contra toda obra literaria o pictórica que abordara el tema de la sexualidad más allá de los valores éticos y morales establecidos por la Iglesia que, durante el oscurantismo de la Edad Media, fue una institución retrógrada que condenó los deseos carnales y las llamadas “perversiones mentales”. Incluso hoy, a principios de un nuevo milenio, el Vaticano sigue lanzando cruces de condena contra las relaciones homosexuales y sigue considerando el adulterio como un pecado capital y el divorcio como una tentación del diablo. 
Con todo, aun tras haber aprendido a llamar por sus verdaderos nombres las “partes vergonzosas” del ser humano, sigue siendo un heroísmo el acto de escribir obras eróticas en un contexto social en el cual todavía existen quienes pregonan el retorno al puritanismo medieval y la censura de las relaciones sexuales incompatibles con la moral católica que, en uso de sus atribuciones, considera este género literario como un síntoma de decadencia humana, que debe ser combatida por todos los medios y con la mayor severidad posible. 

Literatura erótica a pesar de todo

Si bien es cierto que el relato erótico es algo transitorio, que se vive y siente mientras se lee, es cierto también que sirve para estimular los impulsos de la fantasía, que constituye uno de los instrumentos mentales que permite ventilar los instintos sexuales más recónditos y lúdicos. El erotismo es la mejor expresión de una relación sexual regida por las fuerzas de la pasión y la fantasía. Sin la fantasía no sería posible un erotismo que enriquezca la vida conyugal, social y existencial. El erotismo, con sus censuras habidas y por haber, es lo que diferencia a los humanos de los animales irracionales, aparte de que el erotismo, en materia literaria, es la metáfora del amor en todas sus dimensiones.
No es lo mismo leer una buena obra erótica, que trasluce su propia magia, que ver a una mujer desnuda en el afiche de la propaganda comercial, a las modelos semidesnudas en la pasarela o a las actrices en las películas y telenovelas. La literatura erótica, con todo su poder de sugerencia, ha deslumbrado desde siempre la atención de los lectores, sobre todo, en sociedades relativamente conservadoras como la boliviana, donde todavía es casi imposible hablar abiertamente sobre esos libros que se leen con una mano y a media luz. 
La literatura erótica, de no haber tenido una fuerza de atracción sobre la gente, no hubiese sobrevivido en el tiempo y la historia. La prueba está en que, a pesar de las censuras y cortapisas impuestas contra el erotismo, las mejores obras han sido salvadas de las hogueras y los depósitos clandestinos, para ser puestas al alcance de los lectores ávidos de una literatura que perdure en la memoria, no sólo porque la sexualidad es una de las pasiones auténticas del ser humano en su proceso de reproducción, sino también porque el erotismo, indistintamente de razas y condiciones sociales, está presente en toda pasión amorosa y a cualquier hora del día.
Varias obras clásicas, como el “Kama Sutra” hindú y “La Plegaria” china, siguen despertando el interés de los lectores hasta nuestros días. Por otro lado, todos los libros con características eróticas escritas en Asia, Europa y América, son joyas que han sobrevivido a las catacumbas de la censura. Ahí tenemos el “Decamerón” de Boccaccio, “Fanny Hill” de Apollinaire, “Trópico de Cáncer” de Henry Miller, “Lolita” de Vladimir Nabokov, “Delta de Venus” de Anaïs Nin, “La misteriosa desaparición de la Marquesita de Loria”, de José Donoso, “Los elogios de la madrastra” de Vargas Llosa y “Las edades de Lulú” de Almudena Grandes, entre otros. Todo este caudal literario demuestra que la literatura erótica, contrariamente a lo que muchos se imaginan, se va consolidando cada vez más con autores contemporáneos que trabajan conscientemente en torno a la literatura erótica. Si esto ocurre, es porque el sexo es un alimento indispensable en la vida de los humanos y porque tiene la capacidad de conmover y seducir a los lectores. Al fin y al cabo, a todos nos interesa el sexo y nos apasiona el erotismo en las obras de arte. 

Nuevos tiempos, nuevos desafíos

Los tiempos han cambiado y la llamada “pos-modernidad” ha permitido que los escritores que antes se movían en el anonimato y la clandestinidad salgan a la luz pública para deleitarnos con su chispeante fantasía y su pirotecnia verbal, capaces de convertir el tema erótico en una magnífica obra de arte; más todavía, existen nuevos desafíos, un evidente “destape” y una juventud dispuesta a modificar los códigos morales de sus abuelos. 
Los estudiantes de secundaria ya no tienen porqué mirar una revista erótica a escondidas, detrás de los muros del colegio o en un rincón de la habitación. El mundo comercial ha irrumpido en las costumbres sexuales, introduciendo por todos los medios mensajes eróticos que antes estaban destinados sólo a los “mayores de 18 años de edad”. Hoy, en cambio, todo es distinto. El tema de la sexualidad está contemplado desde una perspectiva mucho más natural, gracias a la abundante información proporcionada por los medios de comunicación y las innovaciones hechas dentro del sistema educativo moderno, por cuanto escuchar la palabra “condón” no es ninguna novedad ni hace falta llamarlo “preservativo” en voz baja y con el rubor en la cara.
De otro lado, los quioscos de la ciudad están saturados de publicaciones eróticas, cuyas portadas enseñan las fotografías de mujeres y hombres desnudos. Cada vez son más las tiendas que ofrecen, junto a los productos de lencería y “la ropa interior de señoras escandalosamente escotadas”, una serie de aceites especiales, ungüentos y “dinamizadores de contacto”. Lejos han quedo los tiempos en que uno, a la hora de asistir a una “Sala X” donde se exhibían películas eróticas en función rotativa, debía enfundarse en abrigos y colocarse gafas oscuras, para no ser reconocido por el amigo o el vecino. 
En la actualidad, a diferencia de lo que sucedía en el pasado, los espectadores comentan sin prejuicios las escenas eróticas de “El último tango en París”, “Calígula” o “Emanuele”, como si hubiese sido superado definitivamente el oscurantismo medieval y el puritanismo sexual, aunque no por esto todo es sexo en la sociedad, pues si bien es cierto que la sexualidad es una de las pasiones auténticas de los humanos en su proceso de reproducción, es también cierto que nadie vive las 24 horas del día pensando en el sexo, por la sencilla razón de que el individuo, en su función de elementos activos dentro del sistema de producción, debe cumplir con otras obligaciones ajenas al erotismo, como es el trabajo cotidiano, los quehaceres domésticos y el cuidado de la familia. No obstante, el erotismo, que reivindica sin reticencias lo sagrado y lo profano, lo prosaico y lo lírico, es una de las manifestaciones más sublimes de la condición humana.

La diferencia entre erotismo y pornografía

Así algunos insistan en señalar la línea sutil que separa al erotismo de la pornografía, nadie es capaz de definir dónde empieza y termina el erotismo. Lo único cierto es que el texto erótico, tanto por el manejo del lenguaje como por el tratamiento del tema, debe alcanzar un nivel estético que lo diferencie del discurso obsceno y grotesco de la pornografía. 
A pesar de estas premisas, sigue siendo difícil demarcar la diferencia entre la pornografía y el erotismo, un tema tan relativo como subjetivo, pues la definición que cada lector tiene sobre el erotismo y la pornografía depende, en gran medida, de su grado de educación, sus experiencias personales, su credo religioso y su escala de valores ético-morales, pues todo lo que pude ser pornográfico para unos, puede no serlo necesariamente para otros. 
Ahora bien, ¿cuáles son los verdaderos criterios que permiten juzgar si un libro es erótico o pornográfico? Las respuestas pueden ser varias, habida cuenta que este razonamiento es tanto más inapropiado por cuanto nadie consigue explicar la diferencia. Y con justa razón, ya que para algunos no existe ninguna diferencia. La pornografía es la descripción pura y simple de los placeres carnales; en tanto el erotismo es la misma descripción revalorizada, en función de una idea del amor o de la vida social, explica el ensayista Alexandrian en su “Historia de la literatura erótica” (1990). 
Para ciertos autores, como Vargas Llosa, lo erótico consiste en dotar al acto sexual de un decorado, de una teatralidad para, sin escamotear el placer y el sexo, añadirle una dimensión artística. Para otros, en cambio, todo lo que es erótico puede ser también pornográfico, dependiendo del ángulo desde el cual se lo vea. Alexandrian, refiriéndose a la doble moral que parece justificar la visión pacata de algunos comentaristas de la literatura erótica, explica: “Hay una nueva forma de hipocresía que consiste en decir: si esta novela (o esta película) fuera erótica yo aplaudiría su calidad; pero como es pornográfica la rechazo con indignación”. Es decir, trazan una frontera definida entre lo erótico y lo pornográfico, como quien, atenido a sus gustos particulares, determina lo que es “buena” o “mala” literatura. 

Tomado de post en Miscelánea sueca