Quienes frecuentamos librerías hemos notado un cambio sutil pero poderoso: ya no solo salimos con libros bajo el brazo. También nos llevamos tazas ilustradas, velas aromáticas, bolsas de tela, pines, libretas… y, por supuesto —en mi caso— marcapáginas que encuentran hogar en mi colección.
La experiencia lectora ha dejado de ser únicamente textual. Hoy se expande hacia los objetos que acompañan, evocan y prolongan el acto de leer. El llamado bookish merch —productos inspirados en libros y en el universo lector— ha pasado de ser una curiosidad para fans a convertirse en parte de una economía cultural sólida, impulsada por comunidades que no solo leen: se identifican, se reconocen y se encuentran.
Como mediadora de lectura, observo este fenómeno con especial interés. No se trata solo de consumo; se trata de pertenencia. Los objetos literarios funcionan como puentes afectivos: una bolsa de feria del libro, una vela con aroma a “biblioteca antigua” o un collar con símbolos de una saga fantástica pueden convertirse en señales silenciosas que dicen: yo también leo, yo también habito este mundo.
De la compra al vínculo: objetos que crean comunidad
La llamada “economía de la pasión” ha demostrado que las comunidades culturales generan dinámicas económicas significativas. El ámbito literario no es la excepción. Librerías independientes han incorporado merchandising como parte de su propuesta de valor, no solo para diversificar ingresos, sino para fortalecer la experiencia del lector.
Eventos como la Feria Internacional del Libro de Guadalajara han entendido muy bien este lenguaje simbólico. Sus bolsas oficiales —convertidas en piezas casi de culto— no son simples objetos utilitarios: son emblemas de pertenencia. Quien la lleva, comunica que estuvo allí, que forma parte de esa comunidad lectora viva y activa.
Como gestora cultural, me resulta fascinante cómo estos objetos consolidan identidad cultural. No solo circulan libros: circulan símbolos.
Comunidad portátil: cuando el objeto habla
El fenómeno también ha evolucionado hacia lo sensorial y lo experiencial. En México, la cadena Librerías Gandhi lanzó su conocido “Aroma Gandhi”, buscando trasladar el recuerdo olfativo de la librería al hogar. No es solo marketing: es memoria sensorial convertida en experiencia tangible.
En plataformas digitales, el crecimiento de búsquedas relacionadas con velas literarias, joyería inspirada en novelas o accesorios personalizados evidencia que la lectura ya no es una práctica silenciosa e invisible. Es una identidad que se expresa también a través de lo material.
Leer también es coleccionar (y yo lo sé bien)
Como coleccionista confesa de marcapáginas, entiendo profundamente esta dimensión. Un marcapáginas no es solo un separador: es memoria de una lectura, recuerdo de una feria, regalo de un colega, hallazgo de un viaje. Es una extensión del libro y, a la vez, un objeto con vida propia.
En mis talleres suelo decir que coleccionar objetos literarios puede ser otra forma de mediación: despierta curiosidad, invita a la conversación, abre puertas a nuevas lecturas. Cuando una niña o un niño observa un marcapáginas ilustrado, pregunta; cuando pregunta, se abre una historia.
Desafíos y oportunidades
Este ecosistema cultural enfrenta retos importantes. Las nuevas generaciones valoran cada vez más la producción ética y sostenible. El merchandising literario no puede desligarse de esa responsabilidad. Además, la integración de elementos digitales —como códigos QR que conducen a clubes de lectura o contenidos exclusivos— está creando experiencias híbridas que combinan lo físico y lo virtual.
Más que una moda, el bookish merch es un síntoma de algo más profundo: el deseo de vivir la lectura de manera integral. Leer, sí. Pero también compartir, portar, exhibir, regalar y atesorar.
La lectura ya no se queda entre las páginas. Se convierte en bolsa que camina por la ciudad, en vela que ilumina una noche de estudio, en marcapáginas que guarda la promesa de volver a esa historia.
Porque hoy, más que nunca, ser lector o lectora es también habitar una comunidad. Y a veces, esa comunidad cabe en un pequeño objeto que llevamos en el bolso… o en una colección que crece silenciosamente en casa.
Texto elaborado en base a este artículo
Y ahora dialoguemos…
🟣¿Has comprado alguna vez un objeto literario que te haya hecho sentir parte de una comunidad lectora? ¿Cuál fue y por qué lo elegiste?
🟣Si coleccionas algo relacionado con libros (marcapáginas, ediciones especiales, bolsas de ferias, tazas, ilustraciones…), ¿qué historia guarda ese objeto?
🟣¿Crees que estos productos fortalecen el hábito lector o pueden distraer de lo esencial: la lectura misma?
🟣¿Te importa que el merchandising literario sea sostenible y producido de manera ética?
🟣Desde tu experiencia —como lector, docente, bibliotecario, madre, padre o mediador— ¿has usado algún objeto literario como puente para acercar a alguien a la lectura?
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| Pequeña muestra de mi colección de "Marcapáginas" |






