lunes, 4 de mayo de 2026

Doris Lessing se entera que ganó el Premio Nobel de Literatura

"No podría importarme menos" dijo la escritora británica Doris Lessing a los periodistas apostados frente a su casa, tras enterarse que había ganado el Premio Nobel de Literatura en 2007.

"Me acabo de enterar ahora mismo. Había llevado a mi hijo al hospital y no me enteré hasta que vi a los fotógrafos. Al principio pensé que estaban grabando en la calle algún culebrón". Acto seguido, los mandó a comprar champagne para festejar.

Nacida en Persia, actual Irán, en 1919, fue una controvertida escritora que supo ser comunista, anticomunista, símbolo del feminismo y renegar de él.

Autora de más de 50 novelas, la Academia Sueca la destacó por una obra que "supo capturar lo esencial y la épica de la experiencia femenina, que con escepticismo, fuego y poder visionario ha sometido a una civilización dividida al escrutinio".

Lessing no fue a Estocolmo a recibir el premio por problemas de espalda y lo recibió de manos del embajador de Suecia.

Lessing comentó: "Ya no me queda nada por hacer", aunque "podría recibir una palmadita del Papa en la cabeza".

Fuente: Historias de la Literatura



martes, 7 de abril de 2026

La librera, de Valerie Keogh

Cuando entre los libros se guardan: lecturas, secretos y segundas oportunidades

Hay espacios que, más que contener libros, guardan silencios. Las bibliotecas —y las librerías— suelen ser imaginadas como refugios: lugares de calma, de introspección, de encuentro con historias ajenas. Pero ¿qué ocurre cuando ese mismo escenario se convierte en territorio de sospecha, de pasado latente, de peligro?

Hace poco, navegando en redes, me encontré con la sumilla de un nuevo thriller de Valerie Keogh, una autora que ha sabido posicionarse entre quienes disfrutan del suspenso psicológico al estilo de Freida McFadden o Lisa Jewell. Y aunque debo decirlo con honestidad —todavía no he tenido la oportunidad de leer la novela—, su premisa me dejó pensando en el poder narrativo de los espacios de lectura.

La historia gira en torno a Helen Appleby, una mujer que busca rehacer su vida tras haber salido de prisión por el homicidio involuntario de su pareja. En ese intento por recomenzar, elige abrir una librería. Y aquí aparece un elemento que, desde la mediación lectora, resulta profundamente sugerente: el libro como refugio, pero también como máscara.

Entre estanterías ordenadas y páginas que prometen otros mundos, Helen encuentra una forma de ocultarse. La librería se presenta como un escenario perfecto para reconstruirse: silencioso, aparentemente seguro, casi íntimo. Sin embargo, como ocurre en los buenos thrillers, ese espacio pronto se transforma. Lo que parecía calma se vuelve inquietud. Lo que era refugio, comienza a resquebrajarse.

Porque hay algo que esta historia parece recordarnos —y que resuena también en muchas experiencias lectoras—: el pasado no se archiva tan fácilmente como un libro en un estante. Persiste. Se filtra. Regresa.

Alguien, según la sinopsis, comienza a sabotear la nueva vida de Helen. Y entonces la tensión crece: ¿quién la observa?, ¿quién sabe?, ¿quién está dispuesto a desenterrar lo que ella intenta olvidar? En ese punto, la biblioteca deja de ser solo un escenario y se convierte en un personaje más: cómplice, testigo o incluso amenaza.

Y hay una frase que, sin duda, instala el conflicto central con crudeza: Helen ya ha matado una vez… y podría hacerlo de nuevo para proteger su futuro.

Desde una mirada de promoción de la lectura, este tipo de historias también nos invitan a ampliar nuestra percepción de los espacios lectores. No solo son lugares de calma o aprendizaje; también pueden ser escenarios narrativos cargados de tensión, misterio y complejidad humana. La biblioteca, entonces, no solo guarda libros: guarda historias posibles.

Aunque aún no he leído esta novela, la sumilla ha sido suficiente para despertar la curiosidad y, sobre todo, el deseo de explorar cómo el thriller psicológico puede dialogar con el mundo de los libros y quienes los habitan.

Quizá ahí radica su atractivo: en esa mezcla entre lo familiar (los libros, el silencio, la lectura) y lo inquietante (los secretos, la culpa, la amenaza latente).

Fuente: boldwoodbooks


Para abrir la conversación 📚

  • ¿Puede un espacio de lectura ser también un escenario de peligro?

  • ¿Qué tipo de historias imaginamos cuando pensamos en bibliotecas o librerías?

  • ¿Por qué el pasado es un recurso tan potente en la narrativa de suspenso?

  • ¿Leerías una novela donde los libros no solo acompañan, sino que también esconden verdades?

  • ¿Qué otros textos recuerdas donde la biblioteca o la librería tenga un rol central en la trama?

Te leo en los comentarios. 

domingo, 22 de marzo de 2026

Medellín Capital Mundial del Libro para 2027

La UNESCO ha designado a Medellín (Colombia) Capital Mundial del Libro para 2027. La ciudad ha registrado un incremento del 542  % en el número de librerías en las últimas siete décadas, situándose a la cabeza del índice nacional de lectura. Esta decisión sigue la recomendación del Comité Consultivo de la Capital Mundial del Libro, compuesto por libreros, editores y autores.

"Los libros no solo cuentan historias. Son una fuente de creatividad y aprendizaje. Medellín se ha convertido en un referente internacional para la transformación urbana y cultural donde los libros y las bibliotecas tienen un papel crucial en el logro de un cambio social positivo. La designación de Medellín como Capital Mundial del Libro 2027 es un poderoso mensaje sobre cómo la cultura puede construir la paz y la cohesión social."

Khaled El-Enany (Director General de la UNESCO)

Medellín, la segunda ciudad más grande de Colombia, alberga más de 110 librerías y 25 bibliotecas, muchas de las cuales son el resultado de la transformación de antiguas cárceles e instalaciones policiales. Afectada por períodos prolongados de conflicto en el pasado, la ciudad hoy es conocida internacionalmente por la innovación urbana y cultural donde los libros y las bibliotecas funcionan como santuarios esenciales y espacios de resistencia. En la actualidad, Medellín encarna el poder que tiene la cultura en la paz y la reconciliación.

La UNESCO y el Comité Consultivo de la Capital Mundial del Libro han reconocido a Medellín por su firme compromiso con la movilización cultural y su capacidad notable para acoger importantes iniciativas culturales. Las Capitales Mundiales del Libro de la UNESCO promueven los libros y la lectura para todos, y fomentan los valores del diálogo, la creatividad, la educación y la diversidad cultural prestando especial atención a los jóvenes y las comunidades vulnerables. También reafirma el papel vital de los libros como catalizadores para sociedades más inclusivas, equitativas y pacíficas.

La iniciativa forma parte de los esfuerzos más amplios de la UNESCO para fortalecer los ecosistemas de lectura y la alfabetización en todo el mundo. A título de ejemplo, el proyecto Centroamérica Lectora, financiado por la AECID entre 2020 y 2023, ayudó a ampliar el acceso a los libros y la lectura en El Salvador, Honduras y Nicaragua, así como a fortalecer sus sistemas editoriales. En Etiopía, otro proyecto financiado a través del FIDC se centra actualmente en mejorar el crecimiento de la literatura infantil y juvenil. 

Captura de pantalla de vídeo de biblioteca pública piloto


En su calidad de vigésimo séptima ciudad que ostenta el título desde 2001, Medellín acogerá una serie de actividades para consolidar la política pública de la ciudad en materia de lectura, escritura y narración. El año de las celebraciones comenzará el 23 de abril de 2027, Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.

Fuente: UNESCO

Confirmación de la UNESCO que designa a Medellín como Capital Mundial del Libro 2027, resaltando la postulación liderada por la Alcaldía y el trabajo de ciudad que reconoce el poder de la lectura para transformar vidas y territorios.


martes, 10 de marzo de 2026

Cuando la biblioteca aparece en una de mis series favoritas…

A veces las bibliotecas nos sorprenden en los lugares más inesperados. En estos días, mientras disfrutaba algunos episodios de la serie Grey's Anatomy, tuve un momento especialmente significativo: descubrir que la mamá de Alex Karev (Justin Chambers) es bibliotecaria.

El detalle aparece en una escena sencilla pero profundamente humana. Ella cuenta que ha logrado retomar su trabajo en la biblioteca luego de un proceso de tratamiento y estabilidad frente a su condición de Esquizofrenia, narrado con respeto y sensibilidad. En ese diálogo emerge también un recuerdo de infancia: Alex solía jugar en la biblioteca, cambiar las fechas de los sellos de los libros y esconderse entre los estantes mientras su madre trabajaba.

Como mediadora de lectura y bibliotecaria, esa escena me tocó especialmente. Nos recuerda que las bibliotecas no son solo lugares de préstamo, silencio o estudio. Son espacios donde se construyen memorias afectivas. Entre los estantes se tejen vínculos familiares, se crean refugios simbólicos y, muchas veces, se siembran semillas invisibles que florecen años después.

Pensé entonces en algo que solemos decir en mediación de lectura: los libros y las bibliotecas acompañan procesos de vida. No solo forman lectores; también sostienen emocionalmente, ofrecen refugio, abren caminos de imaginación y, en ocasiones, se convierten en lugares donde una infancia encuentra calma en medio de circunstancias complejas.

En la historia de Karev —quien en la serie, llega a convertirse en uno de los cirujanos pediátricos más destacados de su hospital— es difícil no imaginar que esa infancia entre libros, juegos entre estantes y la presencia de una madre bibliotecaria pudieron dejar una huella silenciosa. Tal vez allí aprendió algo fundamental: la empatía, la paciencia y la atención a los otros, cualidades que también habitan en las bibliotecas.

Como gestora cultural, siempre me conmueve reconocer cómo distintas profesiones —la medicina, la educación, la bibliotecología— comparten un mismo horizonte: cuidar la vida, acompañar procesos humanos y ofrecer herramientas para comprender el mundo.

Y por eso esta escena, aparentemente pequeña dentro de una serie médica, me recordó algo profundo: las bibliotecas también curan. A veces no con bisturí, sino con historias, con memoria, con presencia.

Y ahora me gustaría leerte

📚 ¿Tienes algún recuerdo de infancia ligado a una biblioteca o a los libros?

👩‍👦 ¿Crees que los espacios de lectura pueden influir en la forma en que una persona se relaciona con el mundo o con su profesión en el futuro?

🎬 ¿Has encontrado en alguna serie o película una escena donde aparezcan bibliotecas o mediadores de lectura que te haya emocionado?

Te leo en los comentarios. 📖✨

Captura de pantalla de youtube

domingo, 1 de marzo de 2026

📖 Librero legendario de Rabat

Hace unos días leí esta historia en un muro de Facebook (dejo aquí el enlace original que compartieron) y no pude evitar guardarla como quien guarda una pequeña joya para volver a mirarla con calma. Se trata de Mohamed Aziz, un librero legendario de Rabat, en Marruecos. Y mientras avanzaba en la lectura, pensaba —inevitablemente— en nuestro oficio de mediadoras y mediadores de lectura.

Aziz quedó huérfano a los seis años y, a los quince, tuvo que abandonar la escuela porque no podía permitirse los libros de texto. La pobreza le arrebató la educación formal, pero no logró arrancarle el deseo de leer. En 1963 comenzó su propia “venganza”: instaló nueve libros sobre una alfombra, bajo un árbol, y empezó a venderlos. Así nació una vida entera dedicada a los libros.

Hoy, con más de setenta años, ha leído más de 5,000 títulos en árabe, francés e inglés. Dice, con una sonrisa que atraviesa fronteras, que gracias a ellos ha vivido más de 4,000 vidas. Y esa frase, para quienes creemos en la lectura como experiencia transformadora, es una declaración pedagógica en sí misma.

Su puesto —ubicado en la medina de Rabat— es pequeño y está siempre lleno de libros apilados. Lo sorprendente es que no los vigila cuando se ausenta. Su filosofía es tan sencilla como potente: “Los lectores no roban; y quienes no leen, no los necesitan”

Además, vende ejemplares y revistas a precios muy bajos, pensando especialmente en estudiantes. Su librería no es solo un comercio: es una trinchera cultural, un acto cotidiano de resistencia intelectual. 

Como educadora y mediadora de lectura, esta historia me interpela profundamente. ¿Cuántas veces hemos escuchado que no hay condiciones apropiadas para leer? ¿Cuántas veces la precariedad se imponerse sobre nuestros objetivos de formar lectores? Y, sin embargo, aquí hay un hombre que hizo de los libros su forma de estar en el mundo. 

No es casual que Rabat haya sido declarada Capital Mundial del Libro por la UNESCO para el año 2026. Pienso que, más allá de los títulos oficiales, hay capitales simbólicas que se construyen en silencio: bajo un árbol, sobre una alfombra, entre libros usados y manos jóvenes que los hojean con esperanza.

Nunca olvidemos que mediar lectura también es eso: abrir posibilidades donde antes hubo límites. 

Mohamed Aziz en su librería

Aquí un vídeo encontrado en este perfil de facebook


sábado, 28 de febrero de 2026

Rabat: Capital Mundial del Libro 2026

Por recomendación del Comité Consultivo de la Capital Mundial del Libro, Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, ha anunciado hoy la designación de Rabat (capital de Marruecos) como Capital Mundial del Libro para 2026.

"Tras Río de Janeiro en 2025, me complace anunciar la designación de Rabat como Capital Mundial del Libro para 2026. Rabat es una importante encrucijada cultural donde los libros contribuyen a la transmisión del conocimiento y las artes en toda su diversidad. El auge de la industria local del libro desempeña asimismo un papel crucial en la mejora de la educación." Audrey Azoulay (Directora General de la UNESCO)

Con 54 editoriales, la tercera feria internacional del libro y la edición más importante de África y un número creciente de librerías, la industria del libro no sólo es una parte vital de la economía creativa de la ciudad, sino también un poderoso motor para la democratización del conocimiento.

La UNESCO y el Comité Consultivo de la Capital Mundial del Libro han reconocido a Rabat por su claro compromiso con el desarrollo de la literatura, la mejora de la situación de las mujeres y los jóvenes a través de la lectura y la lucha contra el analfabetismo, especialmente en las comunidades más desfavorecidas.

Como Capital Mundial del Libro para 2026, Rabat llevará a cabo una serie de acciones para facilitar el acceso a los libros y apoyar a la industria editorial local. También pondrá en marcha una importante iniciativa para consolidar el acceso a la alfabetización de todos sus ciudadanos. Estas acciones contribuirán al crecimiento económico sostenible y al progreso social de la ciudad.

El Comité Consultivo de la Capital Mundial del Libro de la UNESCO está compuesto por representantes de la Federación Europea e Internacional de Libreros, el Foro Internacional de Autores, la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios, la Asociación Internacional de Editores y la UNESCO.

Fuente: UNESCO

Para ver el sitio web de la Feria Internacional del Libro y la Publicidad (31a sesión) en Rabat 2026 d.C. / Reino de Marruecos. En el siguiente enlace:

https://siel.ma/en/

lunes, 23 de febrero de 2026

📖Bookish merch: cuando la lectura también se colecciona, se viste y se habita

Quienes frecuentamos librerías hemos notado un cambio sutil pero poderoso: ya no solo salimos con libros bajo el brazo. También nos llevamos tazas ilustradas, velas aromáticas, bolsas de tela, pines, libretas… y, por supuesto —en mi caso— marcapáginas que encuentran hogar en mi colección.

La experiencia lectora ha dejado de ser únicamente textual. Hoy se expande hacia los objetos que acompañan, evocan y prolongan el acto de leer. El llamado bookish merch —productos inspirados en libros y en el universo lector— ha pasado de ser una curiosidad para fans a convertirse en parte de una economía cultural sólida, impulsada por comunidades que no solo leen: se identifican, se reconocen y se encuentran.

Como mediadora de lectura, observo este fenómeno con especial interés. No se trata solo de consumo; se trata de pertenencia. Los objetos literarios funcionan como puentes afectivos: una bolsa de feria del libro, una vela con aroma a “biblioteca antigua” o un collar con símbolos de una saga fantástica pueden convertirse en señales silenciosas que dicen: yo también leo, yo también habito este mundo.

De la compra al vínculo: objetos que crean comunidad

La llamada “economía de la pasión” ha demostrado que las comunidades culturales generan dinámicas económicas significativas. El ámbito literario no es la excepción. Librerías independientes han incorporado merchandising como parte de su propuesta de valor, no solo para diversificar ingresos, sino para fortalecer la experiencia del lector.

Eventos como la Feria Internacional del Libro de Guadalajara han entendido muy bien este lenguaje simbólico. Sus bolsas oficiales —convertidas en piezas casi de culto— no son simples objetos utilitarios: son emblemas de pertenencia. Quien la lleva, comunica que estuvo allí, que forma parte de esa comunidad lectora viva y activa.

Como gestora cultural, me resulta fascinante cómo estos objetos consolidan identidad cultural. No solo circulan libros: circulan símbolos.

Comunidad portátil: cuando el objeto habla

El fenómeno también ha evolucionado hacia lo sensorial y lo experiencial. En México, la cadena Librerías Gandhi lanzó su conocido “Aroma Gandhi”, buscando trasladar el recuerdo olfativo de la librería al hogar. No es solo marketing: es memoria sensorial convertida en experiencia tangible.

En plataformas digitales, el crecimiento de búsquedas relacionadas con velas literarias, joyería inspirada en novelas o accesorios personalizados evidencia que la lectura ya no es una práctica silenciosa e invisible. Es una identidad que se expresa también a través de lo material.

Leer también es coleccionar (y yo lo sé bien)

Como coleccionista confesa de marcapáginas, entiendo profundamente esta dimensión. Un marcapáginas no es solo un separador: es memoria de una lectura, recuerdo de una feria, regalo de un colega, hallazgo de un viaje. Es una extensión del libro y, a la vez, un objeto con vida propia.

En mis talleres suelo decir que coleccionar objetos literarios puede ser otra forma de mediación: despierta curiosidad, invita a la conversación, abre puertas a nuevas lecturas. Cuando una niña o un niño observa un marcapáginas ilustrado, pregunta; cuando pregunta, se abre una historia.

Desafíos y oportunidades

Este ecosistema cultural enfrenta retos importantes. Las nuevas generaciones valoran cada vez más la producción ética y sostenible. El merchandising literario no puede desligarse de esa responsabilidad. Además, la integración de elementos digitales —como códigos QR que conducen a clubes de lectura o contenidos exclusivos— está creando experiencias híbridas que combinan lo físico y lo virtual.

Más que una moda, el bookish merch es un síntoma de algo más profundo: el deseo de vivir la lectura de manera integral. Leer, sí. Pero también compartir, portar, exhibir, regalar y atesorar.

La lectura ya no se queda entre las páginas. Se convierte en bolsa que camina por la ciudad, en vela que ilumina una noche de estudio, en marcapáginas que guarda la promesa de volver a esa historia.

Porque hoy, más que nunca, ser lector o lectora es también habitar una comunidad. Y a veces, esa comunidad cabe en un pequeño objeto que llevamos en el bolso… o en una colección que crece silenciosamente en casa.

Texto elaborado en base a este artículo

Y ahora dialoguemos…

🟣¿Has comprado alguna vez un objeto literario que te haya hecho sentir parte de una comunidad lectora? ¿Cuál fue y por qué lo elegiste?

🟣Si coleccionas algo relacionado con libros (marcapáginas, ediciones especiales, bolsas de ferias, tazas, ilustraciones…), ¿qué historia guarda ese objeto?

🟣¿Crees que estos productos fortalecen el hábito lector o pueden distraer de lo esencial: la lectura misma?

🟣¿Te importa que el merchandising literario sea sostenible y producido de manera ética?

🟣Desde tu experiencia —como lector, docente, bibliotecario, madre, padre o mediador— ¿has usado algún objeto literario como puente para acercar a alguien a la lectura?

Te leo en comentarios.
Pequeña muestra de mi colección de "Marcapáginas"