domingo, 1 de marzo de 2026

📖 Librero legendario de Rabat

Hace unos días leí esta historia en un muro de Facebook (dejo aquí el enlace original que compartieron) y no pude evitar guardarla como quien guarda una pequeña joya para volver a mirarla con calma. Se trata de Mohamed Aziz, un librero legendario de Rabat, en Marruecos. Y mientras avanzaba en la lectura, pensaba —inevitablemente— en nuestro oficio de mediadoras y mediadores de lectura.

Aziz quedó huérfano a los seis años y, a los quince, tuvo que abandonar la escuela porque no podía permitirse los libros de texto. La pobreza le arrebató la educación formal, pero no logró arrancarle el deseo de leer. En 1963 comenzó su propia “venganza”: instaló nueve libros sobre una alfombra, bajo un árbol, y empezó a venderlos. Así nació una vida entera dedicada a los libros.

Hoy, con más de setenta años, ha leído más de 5,000 títulos en árabe, francés e inglés. Dice, con una sonrisa que atraviesa fronteras, que gracias a ellos ha vivido más de 4,000 vidas. Y esa frase, para quienes creemos en la lectura como experiencia transformadora, es una declaración pedagógica en sí misma.

Su puesto —ubicado en la medina de Rabat— es pequeño y está siempre lleno de libros apilados. Lo sorprendente es que no los vigila cuando se ausenta. Su filosofía es tan sencilla como potente: “Los lectores no roban; y quienes no leen, no los necesitan”

Además, vende ejemplares y revistas a precios muy bajos, pensando especialmente en estudiantes. Su librería no es solo un comercio: es una trinchera cultural, un acto cotidiano de resistencia intelectual. 

Como educadora y mediadora de lectura, esta historia me interpela profundamente. ¿Cuántas veces hemos escuchado que no hay condiciones apropiadas para leer? ¿Cuántas veces la precariedad se imponerse sobre nuestros objetivos de formar lectores? Y, sin embargo, aquí hay un hombre que hizo de los libros su forma de estar en el mundo. 

No es casual que Rabat haya sido declarada Capital Mundial del Libro por la UNESCO para el año 2026. Pienso que, más allá de los títulos oficiales, hay capitales simbólicas que se construyen en silencio: bajo un árbol, sobre una alfombra, entre libros usados y manos jóvenes que los hojean con esperanza.

Nunca olvidemos que mediar lectura también es eso: abrir posibilidades donde antes hubo límites. 

Mohamed Aziz en su librería

Aquí un vídeo encontrado en este perfil de facebook


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