Astrid Lindgren no solo inventó a la niña más fuerte del mundo; usó esa fuerza para convertir a Suecia en el primer país de la historia en prohibir que los adultos usarán la fuerza fisica hacía los niños. Para entender cómo lo logró, hay que volver al principio, a una granja llamada Näs, cerca de Vimmerby, en 1907.
Allí nació Astrid Anna Emilia Ericsson. Su infancia fue de libertad, correr por los campos, trepar árboles y jugar sin supervisión adulta. Esa confianza absoluta que sus padres le dieron se convirtió en la base de todo lo que crearía después. Sin embargo, la vida adulta llegaría de repente. A los 18 años, un "escándalo" sacudió a la sociedad de aquella época al quedar embarazada fuera del matrimonio.
En la Suecia puritana de 1926, eso era una sentencia social, para evitar el rechazo se mudó a Estocolmo, trabajó como secretaria, pero esto no le alcanzó para alimentar a su hijo Lars. Así que tomó la desgarradora decisión de dejarlo con una familia de acogida mientras ahorraba para recuperarlo.
Esa lucha formó su carácter, pero fue un momento casual en 1941 el que cambió la literatura. Su hija Karin, delirando de fiebre en la cama, le pidió:
-"Cuéntame sobre Pippi Calzaslargas".
Astrid no sabía quién era ese personaje, así que lo inventó para contarle la historia de una niña sin padres, con un caballo en el porche y una fuerza sobrehumana que desafiaba a cualquier adulto que intentara domarla.
Años después, Astrid resbaló en el hielo y se torció el tobillo. Postrada en cama y sin poder caminar, aprovechó el tiempo para transcribir esas historias orales como regalo de cumpleaños para su hija.
Cuando envió el manuscrito, los editores lo rechazaron horrorizados. Pippi era "demasiado salvaje", ridiculizaba a los policías y se burlaba de la autoridad. Era todo lo que un niño "bien educado" no debía ser.
Sin embargo, cuando la editorial Rabén & Sjögren se atrevió a publicarlo en 1945, el éxito fue instantáneo. Los niños amaron a Pippi porque ella representaba lo prohibido en aquel entonces, representaba la autonomía total.
Su batalla más noble llegó a finales de los 70. Astrid puso su mira en el castigo físico, algo que la sociedad consideraba normal. En aquella los castigos corporales severos eran vistos como "disciplina necesaria", Astrid lo llamó violencia contra los más vulnerables.
Usó cada micrófono, cada entrevista y cada premio para argumentar que hacerle esto a un niño solo le enseña miedo, no respeto. Suecia la escuchó y en 1979, gracias a su incesante presión, el parlamento aprobó una ley histórica que prohibía cualquier castigo corporal a los menores. No era una sugerencia, era un derecho civil.
Astrid Lindgren falleció en 2002 a los 94 años, despedida con honores casi de estado. Hoy, más de 60 países han seguido el ejemplo de esa ley sueca. Su legado no son solo los libros traducidos a 100 idiomas, escribió historias donde los niños eran libres, y luego luchó hasta que la realidad coincidió con sus cuentos.
Fuente: Archivos del Astrid Lindgren Memorial Award. El contenido de Universo Sorprendente tiene fines de divulgación científica y educación histórica.

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