lunes, 21 de julio de 2014

Una maravillosa Oda al gato

ODA AL GATO

Los animales fueron 
imperfectos, 
largos de cola, tristes 
de cabeza.
Poco a poco se fueron 
componiendo, 
haciéndose paisaje, 
adquiriendo lunares, gracia, vuelo. 
El gato,
sólo el gato 
apareció completo 
y orgulloso:
nació completamente terminado, 
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro, 
la serpiente quisiera tener alas, 
el perro es un león desorientado, 
el ingeniero quiere ser poeta, 
la mosca estudia para golondrina, 
el poeta trata de imitar la mosca, 
pero el gato
quiere ser sólo gato 
y todo gato es gato 
desde bigote a cola, 
desde presentimiento a rata viva, 
desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad 
como él, 
no tienen 
la luna ni la flor 
tal contextura:
es una sola cosa 
como el sol o el topacio, 
y la elástica línea en su contorno 
firme y sutil es como 
la línea de la proa de una nave. 
Sus ojos amarillos 
dejaron una sola 
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño 
emperador sin orbe, 
conquistador sin patria, 
mínimo tigre de salón, nupcial 
sultán del cielo 
de las tejas eróticas, 
el viento del amor
en la intemperie 
reclamas 
cuando pasas 
y posas 
cuatro pies delicados 
en el suelo, 
oliendo, 
desconfiando
de todo lo terrestre, 
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente 
de la casa, arrogante 
vestigio de la noche, 
perezoso, gimnástico 
y ajeno, 
profundísimo gato, 
policía secreta 
de las habitaciones, 
insignia
de un 
desaparecido terciopelo, 
seguramente no hay 
enigma 
en tu manera, 
tal vez no eres misterio, 
todo el mundo te sabe y perteneces 
al habitante menos misterioso, 
tal vez todos lo creen, 
todos se creen dueños, 
propietarios, tíos 
de gatos, compañeros, 
colegas, 
discípulos o amigos 
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago, 
el mar y la ciudad incalculable, 
la botánica, 
el gineceo con sus extravíos, 
el por y el menos de la matemática, 
los embudos volcánicos del mundo, 
la cáscara irreal del cocodrilo, 
la bondad ignorada del bombero, 
el atavismo azul del sacerdote, 
pero no puedo descifrar un gato. 
Mi razón resbaló en su indiferencia, 
sus ojos tienen números de oro.

(Pablo Neruda)

Y aquí un vídeo con el carismático Antonio Skármeta, leyendo un fragmento de la "Oda al gato"

domingo, 20 de julio de 2014

El niño perfecto

















Daniel es un niño perfecto a los ojos de todos: responsable, obediente, ordenado… Pero en la vida de Daniel, como en la vida misma, nada es lo que parece y, como todo el mundo, esconde secretos que sólo se descubren al caer la noche. Un sencillo álbum ilustrado por la sutileza de Bernat Cormand que encaja en perfecta armonía con el texto de Álex González. Un libro con mucha polémica detrás, donde incluso la propia editorial se vio forzada a clasificarlo como un libro ilustrado para adultos. Cuando lo lean, se reirán de semejante absurdez. Tranquilos, no voy a contar el final…

viernes, 27 de junio de 2014

5 recomendaciones de literatura erótica para excitar el cuerpo y la mente

La literatura erótica no comienza (ni por mucho) con bodrios taimados como 50 Shades of Gray. Un ranking de literatura erótica que fuera realmente incluyente debería tomar en cuenta los poemas de Catulo, El cantar de los cantares incluido en La Biblia, además de joyas como las que presentamos a continuación:

Las amistades peligrosas, Pierre Choderlos de Laclos
Publicado por primera vez en 1782, Relaciones peligrosas ha tenido una larga historia de tabú y censura. Se trata de la historia de dos ex-amantes y rivales que utilizan la humillación para su beneficio personal. El libro ha sido un referente obligado en la historia de la literatura erótica y su larga tradición de incluir tramas aristócratas, vengativas y personajes altamente seductores que alimentan su codicia con el cuerpo. Tal vez recuerdes la versión cinematográfica con John Malkovich y Michelle Pfeiffer.

Trópico de Cáncer, Henry Miller
Censurado en EU a causa de su carga erótica, el trabajo del novelista Henry Miller ganó notoriedad a través de novelas como Sexus, Trópico de Capricornio y Trópico de Cáncer. Este último es un relato en primera persona sobre la estancia de Miller en París a finales de los años 20s. Su descripción de encuentros sexuales no parece tersa y cursi como en la erotica barata, logrando un libro que excita tanto la mente como el cuerpo.

Los cuentos de Delta de Venus 
Dan cuenta de la imaginación sensible y elegante de Nin, narradora francesa que explora a través de sus personajes formas sofisticadas de perversión. Para ella, “las palabras llevan colores y sonidos a la carne”. Se dice que Henry Miller aprendió a coger y a escribir gracias a Nin. 

El amante de Lady Chatterley, D.H. Lawrence
Cuando el esposo de Lady Chatterley regresa de la guerra paralizado de la cintura para abajo, la mujer comienza una aventura erótica que rompe las expectativas de género y de clase social, además de las convenciones literarias de la puritana Inglaterra de principios del siglo XX. Lady Chatterley, en cierto sentido, puede verse como una mujer que lleva a cabo las fantasías que Madame Bovary sólo puede leer…

Lost Girls, Alan Moore (dibujos de Melinda Gebbie)
Lost Girls es una novela gráfica –pero sería injusto y mezquino tratarla simplemente como un “cómic”. En esta obra, el genio de Alan Moore (a quien tal vez recuerdes por obras como V for Vendetta y Watchmen) trabaja con su mujer, Melinda Gebbie, para hacer “pornografía que se pueda leer”, bajo la premisa de que el porno no tiene por qué ser cursi o de mal gusto. Las “niñas perdidas” son nada menos que Alicia (la del País de las maravilla), Dorothy (de El mago de Oz) y Wendy (de Peter Pan), que se conocen ya como adultas y se ven involucradas en aventuras sexuales en la reprimida sociedad inglesa de principios del siglo XX.























Texto e imagen tomado de aquí

miércoles, 11 de junio de 2014

Keith Richards confiesa ser un ratón de biblioteca

El guitarrista de los Rolling habla en su autobiografía de su amor por los libros


Keith Richards logrará sorprender a quienes busquen en su autobiografía una mera trayectoria de música y excesos porque, por encima del sexo, las drogas y el rock and roll, el guitarrista de los Rolling Stones se declara en primer lugar un bibliotecario frustrado.

A los 66 años, Richards se ha volcado en organizar una vasta biblioteca de libros clásicos y contemporáneos que lleva cultivando desde hace décadas, siguiendo el sistema de clasificación al uso en las más regias bibliotecas (Dewey). Incluso se planteó recibir formación profesional para gestionar ese vasto legado de títulos que forra sus mansiones de West Sussex (Reino Unido) y Connecticut (Estados Unidos), tal como confiesa en su autobiografía Life, que saldrá a la venta en el próximo otoño, pero se sintió "desbordado" por la empresa y decidió centrarse en objetivos más modestos.

El rockero empedernido, el hombre que admitió haber esnifado las cenizas de su padre y que en años recientes sufrió una delicada operación tras caerse de un cocotero, se declara en realidad un ratón de biblioteca. E intenta ganar para la causa de la lectura a familiares y amigos. Por eso, los invitados a su granja de la campiña inglesa suelen encontrar sobre la mesita de noche algunas de las obras favoritas del anfitrión, cuyos gustos se decantan hacia Bernard Cornwell y Len Deighton, la historiografía de la II Guerra Mundial y, por supuesto, de la música.

Un adelanto estimado en 4,8 millones de libras (5,4 millones de euros) ha animado al músico a narrar en primera persona cómo ese joven de la austera Inglaterra de la posguerra descubrió su pasión por los libros mucho antes de tocar una guitarra. "Cuando creces, hay dos instituciones que te afectan especialmente: la Iglesia, que pertenece a Dios, y la biblioteca, que te pertenece a ti. La biblioteca pública es enormemente igualitaria", declaró en una ocasión. Los libros, asegura, nunca le han abandonado durante cinco décadas de giras, aunque a la hora de escribir el suyo propio ha tenido que buscar la ayuda del autor y amigo James Fox, porque, desde su veteranía, "me cuesta mucho recordar las cosas".

Fuente: El País y foto de aquí